La fiesta del Bautismo del Señor conmemora el bautismo de Jesucristo en el río Jordán por Juan el Bautista, que marca el inicio de su ministerio público. Originalmente, este misterio de la vida del Señor se celebraba junto a la Epifanía, que incluía la visita de los Reyes Magos, el bautismo y las bodas de Caná, como manifestaciones de la divinidad de Jesús. Con el tiempo, en la Iglesia occidental, estos tres acontecimientos se celebraron por separado y se establecieron como celebraciones distintas. La fiesta que hoy celebramos se ha establecido el domingo posterior al día de la Epifanía, concluyendo el tiempo litúrgico de Navidad e invitando a los cristianos a reflexionar sobre su propia llamada bautismal.
Marcos y Juan comienzan su relato sobre la vida de Jesús con el bautismo. En el cuadro que ofrecemos para contemplar, su autor, Giotto, sitúa en la capilla Scrovegni (1300-1310) una de las primeras representaciones a gran escala de este acontecimiento en occidente. La pintura se enraíza en las tradiciones medieval y bizantina, con sus colores brillantes y su falta de perspectiva real, pero prefigura ya el Renacimiento por su atención a las formas humanas y su intento de modelar las figuras. Jesús aparece metido hasta la cintura en el Jordán. La orilla, rocosa y descarnada, simboliza el ascetismo así como el realismo del entorno, mientras grupos equilibrados de figuras flanquean la escena: ángeles etéreos vestidos de blanco a un lado, y hombres de distintas edades al otro. Por encima, una ráfaga de luz revela la voz antropomorfizada del Padre, con la mano extendida para declarar la filiación divina de Jesús. Destaca también la aureola cruciforme de Jesús.
A lo largo de todo este curso pastoral, nuestro arzobispo ha invitado a toda la archidiócesis de Madrid a tomar conciencia de lo que significa la identidad de un bautizado y el sentido profundo de la vocación laical. La llamada a la santidad que cada uno de nosotros hemos recibido desde nuestro bautismo se concreta en una misión concreta que cada uno debemos descubrir y secundar. Contemplemos este domingo cómo Cristo inicia su vida pública desde su filiación divina y pidamos al Señor que nuestra filiación, iniciada el día de nuestro bautismo, se concrete de la forma como el Señor nos vaya pidiendo: discernir en cada caso qué quiere Dios de mí.



